
En tiempos en que aún éramos vasallos tributarios del Tezozómoc, señor de Azcapotzalco, narra la tradición que quiso la cruel reina Ilancueitl establecer sobre las visiones de los durmientes un veleidoso y despiadado régimen.
Bajo el influjo de los sacerdotes, expidió un mandato según el cual a nosotros los macehuales ─labradores, artesanos, cargadores y esclavos, que formamos la mayoría del pueblo─ sólo se nos autorizaba soñar durante tres de los dieciocho meses de nuestro calendario -en ochpaniztli, en toxcatl y en tititl-. Aun en esos períodos, no nos resultaba lícito dejar errar a nuestro antojo las imágenes del sueño, sino que debíamos domeñarlas de manera que no nos presentasen forma alguna que implicase poder, molicie o lujuria.
Al comienzo, nuestros antepasados no se esforzaron demasiado en cumplir el precepto, pues ignoraban el modo de subyugar y apaciguar las ocurrencias del sueño. Pronto comprendieron, sin embargo, que de alguna manera el gobierno había logrado deslizar espías en sus visiones nocturnas y que, debido a ello, lo que creían sepulto en la memoria era minuciosamente narrado a los sacerdotes en informes que no escatimaban palabras novedosas para precisar los más sutiles desafueros y los rasgos más borrosos. Un artesano que vio en sueños a una mujer que, al desnudarse, se lamentaba de poseer el miembro de un varón, fue procesado por blasfemia y decapitado.
El aprendizaje para infiltrarse en los sueños se hacía, a lo que parece, en el calmelac, donde se cursaban las carreras sacerdotal y guerrera. Con el tiempo, en nuestras chozas de carrizo cubierto de lodo, tras los hilos de ixtle que recataban los interiores, nadie volvió a dormir, por temor a los sueños insurgentes. Durante el reinado de Itzcoatl, que abatió el poderío tepaneca y formó la triple alianza, la ley fue derogada, pero muchos años pasaron antes que los macehuales se animaran a dormir y, luego, a desatar sus visiones para descargarse del agobio del día.
Germán Espinosa, Reina de los Sueños, 1985
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Honestamente la noticia me ha dejado boquiabierto, tal vez porque soy uno de esos que vieron y Leyeron Jurassic Park con auténtica (y casi mística) devoción, pero parece que es cierto.

