
Albert Hulkes, un limpiador de ventanas londinenses, era muy aficionado a gastarle bromas a su señora esposa. Su chanza preferida consistía en abrir la llave de gas del horno de la cocina ─sin encenderlo─ tan pronto como escuchaba que su mujer abría la puerta de la casa, introducir luego la cabeza dentro del horno como si intentara suicidarse y esperar divertido la reacción de horror de la pobre señora. Esa noche de 1952 escuchó que su esposa movía la manija de la puerta y entonces resolvió repetirle la broma: corrió a la cocina, abrió la llave del gas y metió la cabeza al horno.
Lo malo es que Hulkes se equivocó aquél día. La puerta que había sonado no era la suya sino la del apartamento contiguo, y la persona que llegaba no era su esposa sino la del vecino. Dos horas después, cuando al fin su mujer entró al apartamento, el recinto apestaba a gas y metió la cabeza en el horno.
Daniel Samper Pizano, Teoría y práctica de la chanza pachuna, 1992









{ 1 comment }
Qué macabro.
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