
A decir verdad, no sé si se trata de un artículo de moda o de un arma. Además de brindar a la feliz (y sofisticada) dueña de estas aletas con lo último en look playero, seguro que podrá usarlas como arma defensiva en caso de un ataque de tiburón o para darle una lección a algún mirón incómodo.
El único problema es que los tacones, irremediablemente, se hundirán en la arena, a menos que la bañista camine con sus aletas en terreno firme y se convierta así en el centro de todas las miradas, en el foco de las envidias.



