
Cada quién tiene el derecho (y la tendencia natural) de modificar su entorno para ajustarlo a sus necesidades, gustos, tendencias o caprichos. No hay ninguna ley que lo prohiba, a menos que afecte la seguridad o los intereses de los demás, y el dueño de este auto ha decidido que en lugar de volante ha de tener un timón… y está en su derecho y, de paso, nos hace reír un poco.
Yo, en lo personal, no soy un “modificador” de espacios, sino un “atiborrador”. Denme un espacio de trabajo minimalista y vuelvan unas semanas después… con trabajos hallarán el teclado (je, je, creo que exageré).



