
Soy un mediano jugador de ajedrez (algo oxidado últimamente), pero adoro los ajedreces. Un buen tablero de ajedrez puede ser muy costoso y siempre he soñado con tener una de esas mesitas cuya superficie es un tablero, con piezas de marfil y toda la cosa. En algún tiempo me dio por comprar ajedreces, hasta que me di cuenta que no tiene sentido, que con uno basta. Pero bueno, el consumismo me da en esos terrenos, cuando no las compras compulsivas (impulsivas).
Sin embargo, éste ajedrez sí lo compraría, sólo para ver qué se siente jugar en este “escheriano” tablero. Hay que admitir que el tablero tiene mucho sentido: El rey y la reina en lo alto, dominando desde su atalaya el campo de batalla, y los peones más abajo, avanzando hacia el “fango” de la lucha cuerpo a cuerpo, las profundidades donde se llevan a cabo las acciones más crueles.
Hermoso, en verdad.



