
El Blaby es un cinturón que se adapta perfectamente al abdomen de la embarazada y que permite reproducir sonidos para que el bebé los escuche.
También sirve para los padres ausentes (o uno que otro padre sustituto, en el caso de que el real haya decidido huir), quienes podrán dejar grabada su voz para que el bebé escuche hasta el aburrimiento que los aman, que los extrañan y que ya los quieren conocer. Aunque muchos querrán usarlo para probar el “efecto Mozart”, esa estupidez que dice que un niño se vuelve inteligente si le tocan canciones de este músico.
Por fortuna no había estas cosas cuando yo estaba en el útero, porque habría tenido que reventarme todos los discos de boleros habidos y por haber. Siento lástima por los hijos de los metaleros, que tendrán que aguantar los tamborazos, riffs y espasmos guturales de estos grupos, y por aquellos padres que decidan ponerles a sus futuros vástagos la discografía completa de RBD, Enrique Iglesias, Paulina Rubio, Tahlía o Los Tigres del Norte.
Lo que un bebé debe escuchar mientras se encuentra en el útero (digo yo) es el sonido del corazón, los pulmones, uno que otro gorgorito intestinal y la voz de la madre. Se trata de un periodo de formación, no de información. Ya tendrá oportunidad, una vez que nazca, de contaminar su cerebro con la terrible realidad.
Otros Artículos Relacionados



