Habré tenido 5 ó 6 años la primera vez que vi un elefante en vivo y a todo color, y de muy cerca. La impresión que me causó aquella enorme bestia es indescriptible y se convirtió en mi punto de referencia para lo gigantesco. Cuando alguien decía que había visto un pez enorme, yo pensaba: “Pero no es tan grande como un elefante”. Todo era poco, comparado con un elefante. Recuerdo que le vi un ojo (es casi imposible verle los dos ojos a un elefante al mismo tiempo) y él me vio también. Aquello me produjo una enorme sorpresa y pensé que sus ojos y su forma de mirar era como los de una persona. Por lo tanto, también comencé a pensar que los elefantes eran como nosotros: Personas. Enormes personas con grandes orejas, la piel hecha una ruina pero con ojos tan humanos como los nuestros.
Y, de algún modo, sigo pensando lo mismo.
Por eso no me extraña ver este viejo video (de 1959) de un elefante esquiando, y hasta parece que lo disfruta, como lo haría cualquiera de nosotros.
Duración del video: 33 segundos
Otros Artículos Relacionados



