Después de beber tres botellas de vodka, Alexei Roskov abrió la ventana de su apartamento, ubicado en un quinto piso, y se arrojó al vacío ante los incrédulos ojos de su esposa Yekaterina.
Increíblemente, Roskov se levantó de inmediato y subió las escaleras de nuevo a su casa, donde su esposa, una vez que comprobó que estaba bien, comenzó a reñirlo. No pudiendo soportar las quejas de su mujer, Alexei volvió a saltar por la ventana, aunque en esta ocasión no se levantó tan pronto.
Llegó una ambulancia. Los médicos atendieron unas cuantas raspaduras antes de dar de alta al paciente y lo dejaron volver a su casa. Una vez sobrio, le preguntaron por qué había saltado la primera vez, y dijo que no tenía la menor idea, pero que sí recordaba que en la segunda ocasión no pudo tolerar los gritos furibundos de su esposa y prefirió saltar a seguirla escuchando.
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