La Enciclopedia Online de Violencia Masiva es un proyecto cuyo objetivo es registrar los casos en que los derechos o la vida de grupos numerosos de personas han sido vulnerados.
En ella se pueden encontrar referencias a la mayor parte de los criminales nazis, los genocidios cometidos a principios de este siglo, las brutales represiones de Burma en 1988, la cronología de la violencia en Pakistán de 1947 a 2007, los innombrables crímenes cometidos durante la Revolución Rusa de 1918 a 1921 y ensayos académicos sobre Genocidio, Fraticidio, Ecocidio, Feminicidio (o Femicidio), Clasicidio y Etnocidio.
En resumen, se trata de un sitio que reúne (o por lo menos eso intenta) lo peor de la naturaleza humana, los actos más despreciables cometidos por nuestra especie contra nosotros mismos y que expone, sin tapujos ni consideraciones, a los criminales masivos, los genocidios religiosos y hasta las hambrunas planeadas para eliminar pueblos enteros.
La lectura de estos temas no es agradable, pero obligada si queremos conocer ambos lados de la moneda que es la sociedad en que vivimos.
En un par de ocasiones se ha desatado aquí la polémica acerca de la relación entre el tamaño del cerebro y la inteligencia. Y no es raro que no se haya llegado a ningún acuerdo, pues ni los mismos expertos coinciden entre sí.
Por lo menos los científicos están de acuerdo en una cosa: Un cerebro grande no garantiza una gran inteligencia.
Hay un segundo punto en el que los científicos también se ponen de acuerdo: Un cerebro pequeño (como el de una hormiga, por ejemplo) no se relaciona con una gran inteligencia.
Sin embargo, entre estos dos postulados, hay un mar de discrepancias. Si el tamaño del cerebro determinara la inteligencia, las ballenas (7.8 kg) y los elefantes (4.7 Kg) serían mucho más inteligentes que nosotros, y al parecer no lo son.
Lo que parece determinar la inteligencia (por lo menos en parte) es la relación entre el cerebro y la masa corporal y la complejidad de los lóbulos frontales (la parte justo detrás de nuestra frente). Nuestro cerebro pesa alrededor de 1.35 kilos, pero representa el 2% de nuestro peso corporal. En cambio, el cerebro de un elefante pesa 4.7 kilos, pero representa el 0.01 de su peso corporal.
Los chimpancés (350 g.) son más inteligentes que los gorilas (430 g) pues su masa corporal es menor, en relación con el tamaño de su cerebro, pero esta “teoría” se aplica sólo a cerebros suficientemente grandes como para albergar complejas redes de sinapsis. Nunca esperaríamos que un ratón (2 g) o un gato (30 g) aprendieran a programar en PHP.
Así pues, parece ser un problema tanto de tamaño como de arquitectura, de diseño. La forma en que nuestras neuronas se organizan, y el número de las mismas, es lo que nos hace más o menos inteligentes.
De acuerdo al libro de récords Guinness, el ave más peligrosa del mundo es el casuario, la cual es capaz de inflingir golpes mortales con sus patas.
Los casuarios viven en los bosques lluviosos de Australia y Nueva Guinea. Normalmente no son agresivos, pero si se sienten acorralados lanzan patadas y son capaces de provocar heridas profundas con sus garras, lo cual hace que sea difícil tenerlos en zoológicos, por la gran frecuencia con que estos animales atacan a sus cuidadores.
Se trata, además, de una especie en peligro de extinción, junto con muchas otras, debido a que el crecimiento de las poblaciones urbanas los confina a espacios cada vez más reducidos.
Hace unos 200,000 años, existió en África una serie de tribus diferentes entre sí. El DNA de sus mitocondrias era distinto. Sin embargo, una de estas tribus dio origen a toda la humanidad, y el resto se extinguieron.
Aquella tribu de la que todos los seres humanos actuales descendemos, era de individuos negros, y como los seres humanos sólo heredamos el DNA mitocondrial de nuestra madre, podemos decir sin lugar a dudas que todos somos “parientes”, ya que nuestro DNA mitocondrial nos unifica, indicando que tuvimos un origen común, aunque con el paso de los años fuimos cambiando poco a poco hasta constituir razas humanas claramente diferentes las unas de las otras.
Esto que acabo de escribir es el famoso concepto de la “Eva Mitocondrial”, la noción de que, no importa lo distintos que seamos unos de otro, si fuésemos capaces de rastrear nuestros orígenes hasta el final, llegaríamos muy probablemente a una sola mujer, cuyos genes mitocondriales compartimos, creámoslo o no.
A alguien muy inteligente en la ciudad de Londres se le ocurrió poner una máquina expendedora de calzado. La máquina contiene 24 pares de tenis en seis diferentes tallas. Y es que muchos turistas se aventuran a recorrer las calles de la ciudad sin el calzado adecuado (todo sea por estar a la moda) aunque tras un par de kilómetros y dos o tres ampollas la apariencia deja de importarles.
La primera máquina (instalada hace casi un año en la calle Carnaby Street) ha sido un éxito, una especie de oasis en el desierto para los fatigados y poco previsores peatones.
Curiosa forma de arte. Me sorprendería mucho transitar por una calle y encontrarme un espectáculo así. Estos pseudocadáveres tal vez nos hagan pensar en lo que perdemos al sufrir un accidente o ser asesinados: Nuestros recuerdos, nuestras lecturas, nuestros planes a futuro.
En la ciudad de Olney, Inglaterra (UK) se celebra cada año, en el Martes de Carnaval (Mardi Gras o Fat Tuesday), una carrera bastante insusual en la cual participan mujeres ataviadas como amas de casa (como las antiguas amas de casa, con mandil, pañoleta en la cabeza y todo) y con un sartén en la mano. En dicho sartén, llevan un hotcake (panqueque).
Al dar inicio la carrera, deben darle una vuelta en el aire al hotcake, luego correr 415 yardas (más o menos 380 metros) sin que se les caiga el hotcake y, al llegar a la meta, darle otra vuelta en el aire.
La carrera se realiza en Olney desde 1445 y a partir de 1950 se lleva a cabo también una competencia contra las corredoras de Liberal, Kansas (US). Las chicas estadounidenses ganaron en el último encuentro con un récord de 57.5 segundos.