
Un visitante de otros mundos, que volase sobre ciudades y pueblos terrestres, llegaría a la conclusión de que las iglesias tienen ocupantes gigantes, ya que son mucho más grandes que los otros edificios. Aparentemente, estos gigantes nunca están en casa, pero se les supone lo bastante importantes como para mantener a sus pequeños súbditos en un estado de humilde subordinación.
Una inspección más detallada mostraría que esas casas de los dioses ─iglesias, sinagogas, mezquitas─ tienen la curiosa característica de que sus dueños no están nunca allí; sus devotos acuden a ellas y se inclinan reverentes ante su imagen; pero ellos permanecen invisibles. Realmente el hombre es una especie animal muy imaginativa.
Desmond Morris, El mono desnudo
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