
A la edad de cuarenta años, William J. Hypperbone había tenido la idea de esposar en legítimas nupcias a la más auténtica centenaria del nuevo continente, cuyo nacimiento databa de 1781, el mismo día en que, durante la guerra, la capitulación de lord Cornwallis obligó a Inglaterra a reconocer la independencia de los Estados Unidos. Ahora bien, en el momento en que iba a pedirla en matrimonio, la digna miss Anthonia Burgoyne fue arrebatada por un acceso de tosferina infantil. William J. Hypperbone no tuvo pues oportunidad de ser aceptado. No obstante, fiel a la memoria de la venerable señorita, permaneció soltero, y aquello puede pasar bien por una bella y buena excentricidad.
Jules Verne, El Testamento de un Excéntrico, 1898



