
¡Cáspita! ¡Carambolas! ¡Recórcholis! ¡Santas Ánimas del Purgatorio! ¡Rayos y Centellas!
Hoy (ayer), la dueña de mis suspiros blogueros (y no blogueros) estuvo ocupada y, ya tarde, fuimos a ver Watchmen (previa cena atragantada, ya que ladrábamos de hambre).
¿Y saben qué?
No me gustó. A media película estaba pensando seriamente en ponerme a jugar BrickBreaker en mi Blackberry… ¡que churro tan tedioso! Será que jamás leí el cómic, que no leí la novela, que mi CI no dio para apreciar el arte de la película, pero dudo mucho que mi opinión difiera de la de otros neófitos como yo. Bastaba dar un vistazo a mis alrededores para ver cómo los demás espectadores bostezaban, conversaban de otras cosas en voz baja o se ponían a enviar mensajes por el celular. Hubo uno que estuvo roncando toda la película, y en una de esas le hicieron efecto las habas (o la leguminosa que haya consumido) y hasta nos deleitó con un violento, tronado y espectacular efecto sonoro.
El único personaje que me pareció genial fue Rorschach, pero ni la insípida chavita con peinado de Cleopatra calienta-pubertos, ni el pornográfico Manhattan, ni el loser Nite Owl, ni ninguno de los otros personajes me parecieron dignos de un segundo pensamiento siquiera. A los que hicieron la película se les olvidó que el flashback es un recurso, no una técnica de la que se pueda abusar de una forma tan descarada, que contar una historia avanzando y retrocediendo en el tiempo es riesgoso, pues sólo un gran escritor puede acometer la empresa con éxito y que los héroes fracasados sólo son interesantes cuando se muestra la grandeza que hay dentro de ellos.
Sé que hay verdaderos fanáticos del cómic que encontrarán en la cinta motivos sobrados de deleite, pero hablo desde mi nulo conocimiento previo de la temática y, bueno… decir que me aburrió es poco, muy poco.



