(26 de marzo del 2001, Florida)
Muchas mujeres buscan desesperadamente reducir el tamaño de sus nalgas (glúteos, pompas o como le quieran decir a esta deliciosa parte de la anatomía femenina), pero hay algunos especímenes de féminas que buscan exactamente lo contrario. Tras probar todos los remedios caseros no invasivos que se le pusieron al alcance, una mujer de 53 años de Fort Lauderdale convenció a una cirujano plástico sin licencia de que le inyectara silicona. Esto fue llevado a cabo en la comodidad de su hogar. La mujer murió, tras comenzar a sufrir dificultades respiratorias (el imbécil médico debió inyectar la silicona en una vena). El facultativo huyó del lugar sin dejar más rastro que un cadáver con un gran trasero lleno de marcas de aguja que, al unirlas, formaban la silueta de un Premio Darwin.
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Los premios Darwin se otorgan a las personas lo suficientemente estúpidas como para morir en situaciones de riesgo provocadas por su poca inteligencia, pero cuya eliminación del mundo de los vivos impide que los genes de su estupidez se sigan transmitiendo.



