El sufrimiento es parte de la vida. El dolor a veces nos une, nos comunica o, en algunos casos, nos separa.
La empatía es la capacidad de experimentar en carne propia los sentimientos del otro, en especial el dolor. Pero para poder hacerlo es necesario haber sufrido antes.
Existen personas incapaces de sentir dolor. Dicha condición se llama Insensibilidad Congénita al Dolor (ICD) y un estudio publicado hoy en la revista Neuron demuestra que las personas con ICD tienen también algunos problemas con la empatía.
Si vemos que una persona se corta un dedo con un cuchillo, somos capaces de imaginar vívidamente el dolor que siente, el miedo que invade a ese sujeto, y nuestro cerebro se activa de la misma forma que si hubiéramos sido nosotros los que nos hemos hecho el corte. No sucede lo mismo con las personas con ICD. En ellos, las regiones que se activan durante el dolor permanecen silenciosas, y no suelen mostrar las mismas reacciones emocionales que nosotros.
Sin embargo… son capaces de conseguir algo semejante a la empatía mediante un mecanismo que se llama “toma de perspectiva” y que es el equivalente a imaginar lo que sentiríamos en tal o cual situación. En éste caso se activan zonas de la línea media en el cerebro y esto genera una especie de empatía “sustituta”, un mecanismo que nos permite ponernos en el lugar del otro aunque no sepamos exactamente lo que está sintiendo.
Es por eso que somos capaces de sentir piedad por los que están muriendo, o de imaginar el miedo de un animal acorralado, herido. Eso nos hace humanos y, a veces, hasta buenas personas.
El estudio fue llevado a cabo por el Dr Nicolas Danzinger y colaboradores, del Departamento de Neurofisiología Clínica y del Centro de Dolor en Pitie-Salpetriere, París, Francia.



