(1 de septiembre del 2003, Colorado)
Desde que estaba en la secundaria, los amigos de Tyler, quien tenía 20 años, decían que él siempre estaba hablando de hacer algo diferente, algo único, algo que nadie más hubiera intentado: Saltar de un auto en movimiento.
─Él creía que podía saltar, rodar y quedar de pie ─dijo un amigo de Tyler─, como en las películas.
Tyler hizo un temprano experimento y obtuvo un tatuaje de asfalto para conmemorar la malograda hazaña.
Pero no se dio por vencido. Siguió planeando su proeza y un día que estaba sentado en el asiento trasero de un auto con sus amigos, mientras éste circulaba a 60 kilómetros por hora, dijo que saltaría. Sus amigos trataron de disuadirlo, pero Tyler estaba convencido de que podía, de que debía y de que saltaría del auto en movimiento.
Su padre explica lo sucedido:
─Pensé que era la última gran cosa que quería hacer como un niño inmaduro, antes de aceptar que debía crecer.
Pero los planes de Tyler fueron cortados de tajo cuando murió instantáneamente al chocar contra el pavimento por última vez. El último salto de Tyler fue conmemorado con otro tatuaje de asfalto, esta vez con la forma de un Premio Darwin.
***
Los premios Darwin se otorgan a las personas lo suficientemente estúpidas como para morir en situaciones de riesgo provocadas por su poca inteligencia, pero cuya eliminación del mundo de los vivos impide que los genes de su estupidez se sigan transmitiendo.
Otros Artículos Relacionados



