(30 de septiembre del 2000, Nuevo Mexico, USA)
Un hombre y su hijo fueron contratados para cortar el césped en el aeropuerto de Tucumcari y de alguna manera se les ocurrió que sus habilidades con el hazadón les confería misteriosamente la capacidad de pilotear una avioneta, sólo por diversión. Ninguno de los dos era piloto certificado. Es más, ni siquiera habían tomado una lección.
De alguna manera, hicieron arrancar la avioneta, la condujeron hasta la estación de combustible, llenaron los tanques y se encaminaron a la pista de despegue… y consiguieron levantar el vuelo.
Sin embargo, fue en ese preciso momento cuando se les acabó la suerte.
Cuando se encontraban a cincuenta metros de altura, el avión comenzó a bambolearse, luego entro en vertical (hacia abajo, por supuesto) y se estrelló contra el suelo. El padre fue encontrado muerto en el aparato, que estaba envuelto en llamas, mientras que el hijo consiguió escapar de la nave antes de que explotara. No obstante, murió en el hospital.
Dos premios Darwin ganados a pulso.
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Los premios Darwin se otorgan a las personas lo suficientemente estúpidas como para morir en situaciones de riesgo provocadas por su poca inteligencia, pero cuya eliminación del mundo de los vivos impide que los genes de su estupidez se sigan transmitiendo.
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