(Mayo 2000, Australia) Un hombre que trabajaba en una cervecería en Lelbourne (Australia) estaba inspeccionando los grandes contenedores en los que se fermenta esta bebida. Para su desgracia, sufrió un resbalón y cayó dentro de uno de los recipientes. Esto es mucho más peligroso de lo que suena, ya que el etanol que contiene la cerveza tiene una densidad menor que la del agua y fue incapaz de nadar hasta la superficie, ahogándose antes de que los rescatistas pudieran hacer algo por él. Lo peor del asunto, comentaron algunos, fue que hubo que tirar toda la cerveza del recipiente en el que se ahogó este ganador del premio Darwin.
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Los premios Darwin se otorgan a las personas lo suficientemente estúpidas como para morir en situaciones de riesgo provocadas por su poca inteligencia, pero cuya eliminación del mundo de los vivos impide que los genes de su estupidez se sigan transmitiendo.
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