No es de extrañarse la popularidad que el café ha disfrutado a lo largo del tiempo. La cafeína genera efectos activadores sobre el cuerpo y sobre la mente. Sin embargo, los estudios científicos nos dicen que lo estamos haciendo mal. Para una óptima mejoría en el rendimiento intelectual son mejores las pausas breves para beber pequeñas cantidades de café que meternos medio litro de la bebida entre pecho y espalda de una sola vez.
Eso es porque el café (la cafeína, en realidad) bloquea los receptores de adenosina, un neurotrasmisor que nos hace sentir somnolientos. Para mantener esos receptores bloqueados, es preciso auto-administrarnos dosis frecuentes de café. En diversos experimentos realizados en voluntarios, se ha visto que si esos pequeños “shots” de cafeína se acompañan de un poco de azúcar, el rendimiento es aún mejor.




Y si le añades un poquito de arsénico, ya ni te cuento…
¡Por favor, que el café es una puñetera DROGA! (Y el azúcar, basura).
Saludos cordiales.