Lo confieso: Soy de esas personas que no toleran que los demás aplasten el tubo de pasta dental en cualquier lugar. Puedo ponerme al borde de la apoplejía si veo que alguien lo apachurra de enmedio. Por la misma razón (una razón idiota, lo sé) me gustaba más cuando los tubos eran de metal, pues uno podía enrollar cuidadosamente el extremo donde la pasta ya había sido exprimida y conservarlo todo en orden.
Ahora, con los tubos de plástico blando, es más difícil mantener esa parte del universo bajo control (je, je).
Por eso, resultan indispensables estos “exprimidores” de pasta dental, que nos ayudan a vaciar completamente el tubo antes de que sea necesario cambiarlo. Hay muchos modelos, unos simples, otros complejos, unos feos y otros, como éste, que son una belleza.


Y además no es tan caro. Cuesta 9.99 dólares
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