Las canicas eran populares cuando yo era niño. Ahora, por desgracia, no lo son tanto. Nunca fui muy bueno jugando con ellas, pero recuerdo amigos de la infancia que eran verdaderos maestros, con una puntería increíble y que siempre llevaban las bolsas de los pantalones deformadas por las canicas que llevaban en ellos. Estaba también “el callo” que todo jugador empedernido tenía en el dorso del pulgar, el cual era un orgullo. Cuando uno se enfrentaba a un jugador desconocido, la primera mirada era a su pulgar. Si estaba presente el famoso callo, más valía encomendarse al Santo de nuestra preferencia.
Las hay de varios tamaños. A las grandes les llamábamos “caicos” y aquellas de color transparente y algún diseño de colores en el interior les decíamos “agüitas”. Y, por supuesto, estaba el “tiro”, la canica inseparable de todo jugador, aquella con la que siempre tiraba y de la que sólo a duras penas se desprendía. Perder el “tiro” en una apuesta era una desgracia de proporciones épicas.
¿Y ustedes jugaron con canicas?
Duración del video: 5:02 minutos



