
Mozart fue, según muchos, un hombre profundamente inculto. No le interesaba la literatura, ni la filosofía, ni la política. Su único interés era la música. Es un ejemplo más de esos genios exclusivos: Hombres con una habilidad extraordinaria pero que no destacan en nada más. Sin embargo, los niveles a los que Mozart llevó su genio musical lo colocan entre los más altos puntos de la historia de la humanidad entera.
Wolfgang Amadeus Mozart (su nombre completo era Johannes Chrysostomus Wolfgangus Theophilus Mozart) nació el 27 de enero de 1757 en Salzburgo (Austria) y se formó bajo la tutela de su padre, Leopold Mozart, un gran violinista y, por lo que se ve, un excelente maestro.
Compuso sus primeras obras a los seis años y, después, se convirtió en una curiosidad de las casas y castillos de los nobles, a donde acudía a tocar y a sorprender a todos con su virtuosismo. Pasó cerca de 4 años yendo y viniendo de un lugar a otro de Europa, dando exhibiciones y codeándose con los personajes más importantes de su época.
Los siguientes años de la vida de Mozart serían un torbellino donde se mezclarían los honores, las acusaciones, el éxito arrollador y las penurias económicas. A pesar de todo esto, Mozart siguió componiendo, sorprendiendo a todo el mundo y asimilando los estilos imperantes en su época. Se ganó los aplausos de las mayores figuras musicales de su época, así como las enemistades de muchos. Se alejó de su padre, cuya muerte le afectó muchísimo. Tras enamorarse de Aloysa Weber, terminó casándose con Constanze, la hermana menor, con quien tuvo seis hijos, de los cuales sólo sobrevivieron dos: Karl Thomas y Franz Xaver Wolfgang.
A donde iba, Mozart era celebrado. Recibía honores, condecoraciones, nombramientos, pero no dinero. Y el poco que lograba tener en sus manos, lo despilfarraba casi de inmediato. Se piensa que una de las fuentes de ingresos de Mozart eran las composiciones que otros músicos le pedían “por encargo” y que estos publicaban a su nombre. Sin embargo, como muchas de las historias que rodean la vida y la muerte de Mozart, parecen más invenciones que hechos comprobados.
A diferencia de otros compositores, Mozart recibió innumerables aplausos en vida con obras que, aún ahora, son piezas insuperables, como El Rapto en el Serrallo, Las Bodas de Fígaro, Don Giovanni, la Flauta Mágica y muchas más. En total, Mozart compuso 41 sinfonías, 27 conciertos para piano, 5 para violín, numerosas sonatas, piezas menores para música de cámara, serenatas, marchas, 61 divertimentos y 22 óperas. Un compositor prolífico cuya obra se vio truncada por su súbita muerte a los 35 años de edad.
Una tarde de octubre de 1791 caminaba con su esposa por un parque cuando de pronto se sentó en un banco muy agitado y le dijo que alguien lo había envenenado. Mejoró, pero el 20 de noviembre del mismo año cayó postrado en cama y el 5 de diciembre, alrededor de la una de la madrugada, falleció. Dada la pobreza en que se encontraba, fue enterrado en una fosa común. La leyenda dice que el enterrador, sabiendo de quién se trataba, le amarró una soga al cuello por encima del saco que envolvía el cuerpo, pero sus restos jamás han sido hallados.
La súbita muerte de Mozart ha sido motivo de múltiples elucubraciones, y los diagnósticos van desde fiebres estreptocócicas, síndrome de Schönlein-Henoch, triquinosis, fiebre reumática aguda, envenenamiento, etc.
Lo cierto es que Mozart fue uno de los genios musicales más grandes que han existido, un virtuoso, un individuo dotado de una capacidad casi imposible para la composición musical. Nos ha dejado una vasta obra y muchas leyendas en torno a él.



