
Un blog se construye como una casa. Ni más, ni menos. Y para que el asunto salga bien hay que comenzar de abajo hacia arriba.
A lo largo del tiempo me he dado cuenta de que hay cuatro posturas: Los que abogan por las letras, los que le dan más importancia a los elementos multimedia, los que enfatizan el aspecto social y aquellos que (sin mucho éxito, he de decirlo) tratan de ser armónicos y, como hacen los cocineros, ponen un poquito de esto y un poquito de aquello con la esperanza de que la mezcla cuajará. Y por lo general no cuaja.
Pero eso tiene que ver con la carcasa, con el empaque, con la estructura.
¿Qué hay del contenido?
Aquí viene el asunto más peliagudo. A pesar de todos los dimes y diretes, de tanto bombo y tanto platillo, los blogs más exitosos son aquellos que siguen la vieja regla que se aplica a casi todo: ¡Grita, y grita fuerte!
Hace una década (tal vez más) había lo que acá se llaman “voceadores”, en el sentido estricto de la palabra. Eran vendedores de periódicos que iban por todas partes (y tan molestos como un zancudo) con un fajo de diarios bajo el brazoy gritando: “¡Extra!, ¡La Extra!; ¡Cinco muertos y cuatro heridos en un choque en Avenida Reforma!”
Nunca supe que una edición de ningún periódico se vendiera como pan caliente cuando el voceador gritara que un (más o menos) desconocido escritor colombiano había escrito un libro llamado Cien Años de Soledad.
Pero se vendieron muchos periódicos cuando ganó el Nobel, y se venderán más cuando García Márquez muera.
A lo que quiero llegar es que el éxito depende de la envoltura, de los moños, serpentinas y colores que le agreguemos. Eso es una gran tristeza pero es más o menos cierto. Hay excepciones, claro. Siempre las hay. Pero, por lo general, y a menos de que el contenido sea descomunal y extraordinario, la envoltura es lo que facilita que las palabras del blogger lleguen al lector.
Imaginemos la blogósfera como un campo liso y amplio, muy amplio. De una hectárea, por ejemplo. Y está cubierto de césped. Cada hojita de césped es un blog.
Un panorama desolador, ¿verdad?
El reto es conseguir que el lector vaya hacia la hojita de césped que representa a nuestro blog. Algunos blogs, como TechCrunch, Boing Boing o The Huffington Post han conseguido lo más difícil: Metamorfosearse en algo distinto, de tal forma que de hojita de césped han pasado a… clavel, digamos. Y un clavel rojo enmedio de un campo donde sólo hay césped vaya que es notorio. Pero pocos (muy pocos) tienen la magia necesaria para conseguir dicha metamorfosis.
Otros (la mayoría) lo consiguen a fuerza de trabajo.
Imaginemos que nuestro blog (la hojita de césped) palidece y se torna seca cada vez que dejamos de escribir en él. Y que se pone verde y brillante cuando le agregamos contenido. Un visitante habitual de la blogósfera notará de inmediato que hay una hojita o una zona de césped que siempre está verde, la identificará rápidamente, porque las hojitas de césped a su alrededor están pálidas y casi sin vida. Y ese visitante les dirá a los otros visitantes que en ese lugar siempre hay algo bueno para leer.
Los que restan son los escandalosos.
Estos son los que peor me caen porque gritan, arman alharaca, se pintan los labios de violeta, las uñas de verde, se meten en un vestido multicolor y tratan por todos los medios de llamar la atención. Se meten en blogs ajenos, arman orgías de intercambio de entradas, disfrazan obras malas como si fueran buenas… en fin, que estos cespedcitos son una lata y gracias a Dios por lo general se fatigan pronto o los demás se cansan de ellos. Algunos de los escandalosos (muy pocos, la verdad) son inteligentes y consiguen consolidar un blog decente, quitándose los colores de la cara, escondiendo el traje de arlequín bajo ropas más decentes y “transformándose” en personajes más o menos serios. Pero estas mutaciones son raras, muy raras.
Llegados a este punto (y para no aburrir más) sólo hay que descubrir si somos pupas de mariposas, trabajadores o escandalosos. Construir los cimientos de un blog no es fácil. Requiere imaginación, esfuerzo, mucha constancia y, sobre todo, un profundo conocimiento sobre lo que somos y lo que no somos capaces de hacer.
Alguna vez escuché decir que para escribir una excelente novela sólo se necesitaban tres cosas: Una buena historia, un buen final y un idiota que estuviera dispuesto a trabajar 14 horas diarias para escribirla.
Con los blogs sucede algo semejante: La inspiración es ésa planta verde que algunos fuman, pero que no sirve para que un blog salga adelante. La mezcla se hace con sólo dos ingredientes: Talento y Esfuerzo… y un poco de magia no cae nada mal, pero es una materia bastante escasa en los tiempos que corren.
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