
Aquí me detengo un instante para exhortar al lector a que no haga jamás el menor caso de su inteligencia cuando ésta se oponga a cualquiera otra de sus facultades mentales. La mera inteligencia, aunque útil e indispensable, es la más pobre de las facultades de la mente humana y aquella de la que más debe desconfiarse, y, sin embargo, la gran mayoría de las gentes no confían en otra cosa, lo cual puede bastar en la vida ordinaria, pero no cuando se trata de fines filosóficos.
Thomas De Quincey, On the Knocking at the Gate in Macbeth, London Magazine, 1823



