

Más legible:
El escenario: el Teatro Burgtheater, de Viena.
La obra: Mary Stuart, de Friedrich Schiller.
La Víctima: Daniel Hoevels.
Mientras escenificaba el final de la obra de teatro, Hoevels sacó un cuchillo y, de acuerdo al libreto, se cortó la garganta. El problema es que el filo del arma estaba intacto. El pobre hombre dejó escapar borbotones de sangre que se escurrieron entre sus dedos, trastabilló un poco y cayó al suelo.
El público se levantó y gritó “¡Bravo!” alabando el realismo de la escena, pero al ver que Hoevels no se levantaba para agradecer la ovación, comenzaron a preocuparse. Además, el charco de sangre se hacía más y más grande cada vez.
Por fortuna la actuación de Hoevels no fue perfecta, ya que tanto en el escenario como en la vida real, habría fallado en matarse. El cuchillo no seccionó la arteria carótida y el sangrado fue abundante, pero no mortal.
La policía investiga el caso, buscando intenciones criminales en el incidente.
¡Caramba! Esto parece el argumento de una novela de Agatha Christie o de Ellery Queen…
Otros Artículos Relacionados



