
Esto me recuerda un poco la excelente novela de Carlos Fuentes titulada “Gringo Viejo“, donde un estadounidense que se une a las tropas revolucionarias mexicanas cuidaba su apariencia extremadamente. Cada vez que alguien le preguntaba por qué lo hacía, él respondía: “Es que quiero ser un cadáver apuesto“.
En los Estados Unidos, país de las atrocidades y de las maravillas, está poniéndose de moda que los embalsamadores hagan algunos “retoques” en el rostro del sujeto para que la piel se vea más lisa, los labios más rellenos, el cabello más abundante.
Parece que los gringos hubieran (apenas) descubierto la novela de Fuentes. Y se la han tomado en serio, que es lo más grave.



