
Me gustaría decir que “uno nunca sabe cuándo podría necesitar uno de estos”, pero prefiero no hacerlo ya que, afortunadamente, nunca he tenido que agarrar a paraguazos a alguien, y menos aplicarle unos golpes con una nudillera.
Creo que prefiero la época en la que los caballeros se demostraban su antipatía pegándose con un guante. Claro… sin que hubiera duelo posteriormente.
Un gadget para rudos, definitivamente.



