No dudo que haya muchas personas a quienes les gustaría tener una silla (o un sillón, depende cómo se le vea) a la altura de sus inflados egos.
Yo, por mi parte, no estoy seguro de que cupiera en la sala de mi pequeño departamento, así que descarto la compra, pero sólo por cuestiones de espacio, no de narcisismo.

Otros Artículos Relacionados



