Tal vez se trate de unos viejos huesos, de un diente y de algo de polvo. Eso, por sí solo, no nos dice mucho del hombre que poseyó esos restos, pero no se trata de cualquier ser humano. Es uno de esos sujetos con tal influencia en la historia de la humanidad que hicieron que el pensamiento completo de la raza humana cambiara por completo. Y eso no es cualquier cosa.
La historia es como sigue:
Se hallaron unos cuantos cabellos en un libro llamado ‘Calendarium Romanum Magnum’ de Johannes Stoeffler, de 1518, el cual perteneció a Copérnico y que se sabe leyó innumerables veces.
Después, se encontraron los restos de 13 cuerpos en la catedral de Frombok, en el norte de Polonia, donde según la tradición fue enterrado el científico.
Resulta que el análisis de DNA de los cabellos tenían la misma secuencia de genes que un diente, el cráneo y otro hueso hallado en dicho osario.
Ergo: Los restos de Copérnico han sido identificados.
¿Poca cosa? Tal vez. Los hombres no valen por los huesos, los músculos y los nervios que los constituyen. Ni siquiera por sus cerebros. Los hombres valen por sus actos, por sus ideas y por su legado. Ahora, por lo menos, hay una prueba tangible, física y palpable del cuerpo que hizo posible esa gran obra.



