A mi, en lo personal, comer galletas con forma de feto, remojarlas en café o en chocolate e ir devorando la cabeza, las manos y los pequeños y aún no formados pies me daría… un poco de asco. Sin embargo, no están del todo mal para Halloween (lástima que acabe de pasar) o para una de esas fiestas que seguramente harán los genetistas y en las que estas golosinas pelearán duro contra la pasta en forma de DNA, bocadillos de maíz transgénico y alguna escultura de bicéfalos, cíclopes o mutantes.
Molde para galletas con forma de feto
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