Los recuerdos son, tal vez, nuestras más preciadas posesiones. Sin embargo, es muy probable que la mayor parte de ellos sean falsos. El cerebro es un mentiroso consumado, un artista del engaño y recordar es, al mismo tiempo, fabricar.
Desde hace tiempo se sabe que recordar cambia la naturaleza del recuerdo. Eso se llama “reconsolidación de la memoria”. Freud se dio cuenta del fenómeno y lo llamó “retroactividad”. Una analogía útil es considerar la memoria como el disco duro de una computadora. Cada vez que abrimos un recuerdo (un archivo), lo modificamos ligeramente y en vez de que el cerebro le dé al botón de “Guardar”, en realidad le da click al botón de “Guardar Como”. De esta forma, los recuerdos se van alterando poco a poco hasta que al cabo de unos años se parecen poco a la realidad.
Por tal razón, cuando le pedimos a una persona que nos cuente uno de sus recuerdos, al mismo tiempo nos está diciendo mucho sobre sí mismo, ya que el trozo de memoria se altera dependiendo del estado anímico del sujeto, de sus fobias, de sus fantasías y de sus deseos.
Sin embargo, el asunto puede ponerse aún peor. Un reciente estudio muestra que la falta de sueño hace aún menos fiables nuestros recuerdos. Para llegar a dicha conclusión, los científicos llevaron a cabo un experimento bastante sádico en el que forzaron a los participantes a permanecer despiertos hasta por 44 horas. Al final, resultó que la falta de sueño producía memorias aún más inexactas que aquellas generadas por los individuos que dormían normalmente. Sin embargo, no todo son malas noticias: Beber café mejoraba notablemente la precisión de la memoria. Así pues, en lo que respecta a la memoria, la cafeína es el suero de la verdad.
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