Es sólo una forma más (con perdón del neologismo) de llamarle al efecto menéame, en honor al vilipendiado, deseado, temido, envidiado, satanizado, idolatrado, sobrevalorado, ridiculizado y anhelado portal de noticias en español (y casi exclusivamente español); la versión anaranjada de digg.
Para quienes no sepan qué demonios es Menéame: Menéame es un portal de noticias donde ponen un enlace al sitio donde se encuentra la nota. Los usuarios pueden “menear” la noticia oprimiendo un botón que dice “menéalo” y que después cambia a “¡chachi!”. Cualquiera puede proponer una noticia menos el autor de la noticia y si el anuncio recibe suficientes “meneos”, entonces pasa del estado de “pendiente” al de “publicada”. Para esto, se calcula un valor denominado “karma” que se le asigna a la nota y que determinará su evaluación final. Si una noticia es votada negativamente un determinado número de veces, se le añade una nota de advertencia para que los usuarios NO la meneen si no se han asegurado antes de que los votos negativos son infundados. He aquí el punto débil del algoritmo ya que, para fines prácticos, no hay lector que realice una tarea de búsqueda con el objetivo de arrancar la etiqueta injuriosa al post. Dichos votos negativos (y dicho anuncio de advertencia) bloquean el avance de la noticia y anulan, casi siempre, las intenciones de los meneantes de menear la nota. Esto conduce a una situación en donde no gana la mejor noticia, sino la que ha sido menos castigada por los votos negativos. Y esto se traduce en una situación que he podido observar con más frecuencia de la que yo quisiera: Notas valiosas y originales que son votadas negativamente y caen al sótano y noticias localistas, irrelevantes o aburridas que ascienden al firmamento meneoso.
¿Qué propongo? Como buen criticón, tengo menos propuestas que críticas, pero tal vez se podría evaluar la alternativa de asignar menos peso a los votos negativos, o una especie de caducidad temporal de los mismos. Otra posibilidad es que sólo cuenten los votos “concurrentes”. Es decir: Que varias personas voten como “repetida” una noticia antes de que la nota sea catalogada como tal, o (y esto es más difícil) que se asigne mayor peso a los votos negativos de los usuarios que muestren “concordancia” histórica con el valor de las noticias. No es que yo desee ver todas las entradas en la portada, sino que me gustaría que algunas noticias que en verdad valen la pena no sufrieran de los tempranos (y tumultuarios) castigos que he presenciado de vez en cuando, sólo porque el autor es joven, su blog no es conocido o no tiene contactos en las altas esferas de la oligarquía (monarquía, en realidad) blogueril. La escena, a veces, me recuerda una violación colectiva. Grotesco, en realidad.
En algún tiempo estuve suscrito a los feeds RSS de menéame y sucedió algo bastante extraño:
Primero, me suscribí a las notas que aparecían en portada y… ¡auuuum! (onomatopeya de bostezo) ¡qué aburrido! Eran las mismas notas que veía en mis feeds de Digg. Variaba algún escándalo regional peninsular, pero en esencia eran un refrito y postergado culebrón del portal norteamericano.
Después de borrar mi suscripción a las notas de la portada, me suscribí a las notas pendientes: ¡Oh! ¡Qué semillero de artículos originales, bien pensados, provocativos! Había mucha mierda, también, pero el campo está atascado de estiércol y no por eso es menos bello, ¿no? Hasta la fecha, sigo suscrito a este feed que es donde encuentro las notas valiosas. A veces hay que escarbar mucho, pero ahí están.
Menéame es un torbellino que azota de vez en cuando a los blogs afortunados (a unos más que otros, por supuesto), que arrasa con los servidores y que muchas veces sólo sirve para que el autor del blog se entere de que su entrada es cansina, irrelevante, amarillista, duplicada, errónea y otras lindezas.
Hay defensores a ultranza de menéame, detractores necios, lectores voraces del portal. De todo, pues. Habemos también quienes nos preguntamos (aún) de qué sirve menéame. Ver que el blog se llena de visitas por una nota que se ha colado en la portada alegra, espeluzna y enoja, al mismo tiempo. Es una experiencia electrizante, que bombea chorros de adrenalina en el corazón de cualquier blogger que se respete. Pero al dichoso Karma no hay quien lo entienda (por lo menos yo no) y la liberalidad con que se ejercen los famosos votos negativos convierte al portal (por desgracia) en un reflejo de la realidad iberoamericana.
Por supuesto que cada quien sacará sus propias conclusiones pero, a fin de cuentas, no creo que sea algo que deba preocuparnos mucho a los bloggers (o por lo menos hay que esforzarnos, aunque no es sencillo). La ocupación principal de un blogger debe ser el blog, no agradar a quienes dirigen las multitudes hacia nuestros modestos sitios o lejos (muy lejos) de ellos.



