
Dijo entonces Ambruogiuolo: ─Verdaderamente si por cada vez que cediesen en tales asuntos les creciese un cuerno en la frente, que diese testimonio de lo que habían hecho, creo yo que pocas habría que cediesen, pero como el cuerno no nace, no se les nota a las que son discretas ni pisada ni huella y la vergüenza y el deshonor no están sino en las cosas manifiestas; por lo que, cuando pueden, ocultamente las hacen, o las dejan por necedad. Y ten esto por cierto; que sólo es casta la que no fue por nadie solicitada, o si rogó ella, la que no fue escuchada.
Giovanni Boccaccio, El Decamerón, 1348
Otros Artículos Relacionados



