Dudé un poco antes de poner esta entrada, ya que el tema puede ser motivo de algunas desagradables controversias. Sin embargo, y lejos del morbo que un espectáculo de estos puede generar, está el hecho artístico, que no depende del número de piernas o de brazos que tenga el bailarín, ni de su belleza (o la falta de ella). Creo que a los bailarines amputados habría que juzgarlos de la misma manera que a quienes no carecen de ninguna extremidad. Ignorarlos o sobrevalorar sus logros son dos formas de discriminación, ya que tanto la complacencia como el rechazo tienen el mismo origen: El estigma de carecer de una parte del cuerpo.
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