
Durante el reinado del tirano Hierón, el astrónomo Hiparco se hallaba sentado en el teatro, cubierto con una piel, y quienes lo rodeaban se quedaron atónitos porque pronosticó que, aunque el tiempo era bueno en esos momentos, estaba a punto de sobrevenir una borrasca. Hierón se mostró admirado y expresó sus felicitaciones a la ciudad de Nicea de Bitinia por contar entre sus ciudadanos a un hombre como Hiparco. En Olimpo, los helenos cantaron loas a Anaxágoras, que también se cubría con una piel mientras asistía a los juegos en medio de una lluvia torrencial, asegurando con mucho énfasis que la sabiduría de aquel hombre se parecía más a la de una divinidad que al conocimiento de un mortal. Pero nadie repara en que las vacas, cuando está a punto de llover, se echen sobre su lado derecho, mientras que lo hacen sobre el izquierdo cuando el tiempo va a ser bueno.
Claudio Eliano, Historia de los Animales



