
En 1955, psiquiatras del hospital Friedmatt en Basilea, Suiza, intentaban descubrir una forma de diagnosticar la esquizofrenia. Dieron orina concentrada de 15 esquizofrénicos a un grupo de arañas y estudiaron las telarañas que estos bichos creaban. A modo de comparación, dieron orina concentrada de los propios unvestigadores a otro grupo de arañas.
No se encontró ninguna diferencia.
Sin embargo, los investigadores hallaron un hecho incontrovertible: Que la orina concentrada debe tener un sabor terrible a pesar de toda el azúcar que se le añadía. La conducta de la pobres arañas no dejaba lugar a dudas: Tras beber un sorbo, éstas mostraban un marcado rechazo a cualquier contacto con dicha substancia.
No me extraña en lo más mínimo.
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