Viajando con Alicia
Compré el libro en uno de esos puestos que la librería Ghandy solía (¿suele?) poner sobre la acera, con los saldos de colecciones populares o con aquellos ejemplares que las manos de los compradores han maltratado sin decidirse a comprarlos.
Recuerdo haber dudado entre Moby Dick y Alicia en el país de las maravillas. En aquella época mi escaso sueldo de profesor universitario daba para pocos lujos. Los libros nunca han sido algo superfluo para mí, pero de todas maneras había que elegir sabiamente para que el dinero destinado a los libros rindiera.
Aún conservo el volumen, y las páginas tienen todavía las marcas de los dobleces que uso a modo de separador. Abrí el libro cuando me senté en el metro y continué leyendo en el microbús, recostado en mi cama, sentado, de pie, dando breves paseos por la habitación. Finalmente, cuando estaba por amanecer, recorrí la última página y lo cerré con un sonoro ¡clap!
Pero el libro no se cerró en mi cabeza. De vez en cuando, me parece que sigo leyéndolo y que un buen día veré la sonrisa del gato dibujarse entre las ramas de un árbol.

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Escrito el Jueves, 28 Agosto 2008
Autor: Andrés Borbón
Categoría: Libros
Etiquetas: Alicia en el país de las maravillas, Lewis Carroll, Libros, Literatura
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aunque ya viene la versiòn de tim burton con su particular toque bizarro, es bueno recordar la aterradora adaptaciòn cinematogràfica de jan svankmajer (alice, 1988)
@malbicho: No la he visto, debo confesarlo. La buscaré.
aun no lo veo tampoco pero lo buscare igualmente!