
Estar sentado tranquilamente y observar un gajo luminoso del sol de la tarde. Ser un poeta y saber muchas cosas sobre las doncellas de otro tiempo. Y decir que yo pudiera ser ese poeta si hubiera podido habitar en algún sitio en este mundo, en una de esas tranquilas casas de campo a donde nadie va. Tendría necesidad de una sola alcoba. Viviría con mis cosas antiguas, retratos de familia y libros. Y tendría una silla y flores y perros y un bastón sólido para los caminos pedregosos. Y nada más que un libro empastado en un cuero amarillento, color de marfil, con un antiguo papel floreado para señalar la página. Y habría escrito mucho, porque poseo muchos pensamientos y recuerdos de muchas gentes.
Rainer María Rilke, Cuadernos de Malti Laurids Brigge
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