
Miguel Ángel fue, tal vez, el mejor artista del renacimiento. Algunos se inclinan por Leonardo, pero si comparamos la calidad de las obras que han llegado hasta nuestros días, no hay duda: Miguel Ángel es el triunfador. Leonardo Da Vinci fue el genio universal, pero Miguel Ángel fue el artista.
Basta enumerar unas cuantas de sus obras: La Basílica de San Pedro, el David, la Piedad, los frescos de la Capilla Sixtina.
Era un artista dedicado en cuerpo y alma a su obra. Tanto lo absorbía, que olvidaba comer, bañarse y cambiar sus ropas. Uno de sus asistentes se quejó de que Miguel Ángel jamás se cambiaba de ropa ni se quitaba los zapatos, aún para dormir. Cuando se sacaba el calzado, con frecuencia éste salía con fragmentos de piel.




