
Bueno, no precisamente con papas, sino con un virus que se encuentra frecuentemente en ellas, y al que se le denomina PVY. Dicho virus es inocuo para los seres humanos, pero podría contribuir a la fabricación de una vacuna contra el Alzheimer.
Se sabe que los anticuerpos producidos contra dicho virus atacan también a la proteína beta amiloide, una sustancia que es la responsable (por lo menos en parte) de los daños provocados a las neuronas por la enfermedad de Alzheimer. Dicha proteína se cuela dentro de la neurona y se acumula, formando placas que dificultan el funcionamiento de la célula y provocando su destrucción.
No es una idea nueva utilizar “vacunas” contra la sustancia beta amiloide, pero los anteriores intentos resultaban peligrosos, pues acarreaban la posibilidad de provocar encefalitis autoinmune, padecimiento que puede provocar la muerte. El método actual, llevado a cabo por Friedlander y colaboradores, podría resultar prometedor, aunque apenas se ha probado en ratones, una especie con la cual compartimos algunas semejanzas pero de la cual nos separa un mundo de diferencias, sobre todo en los relacionado a la corteza cerebral, que es la estructura que se daña en la Enfermedad de Alzheimer.
¿Prometedor? Tal vez. Habrá que ver cómo evolucionan las pruebas en humanos. Es importante recordar, también, que con frecuencia el tiempo de “latencia” entre el desarrollo de un medicamento y su uso masivo puede ser hasta de 10 años (o más).



