
El término Histeria viene del griego “hysteros”, que significa útero (matriz).
Hipócrates, el padre de la medicina, pensaba que el útero era un órgano que, de vez en cuando, gustaba de salir a dar un paseo por el cuerpo de la mujer: Subía al pecho y a la dama le daban sofocos; llegaba a la cabeza y la tierna y dulce ninfa de mirar celestial se convertía en una leona enfurecida. Bajaba al vientre y aparecían los típicos síntomas que presagian el infierno sobre la tierra: Menstruaciones dolorosas, gritos como los de Linda Blair en El Exorcista o, en algunos casos, apetito sexual insaciable.
Pero he aquí que vino presta al salvamento la ciencia. Los médicos (no pregunten cómo, que ni siquiera lo imagino) descubrieron que dando masajes en el clítoris la fiera se calmaba, los síntomas desaparecían, volvía al tierno rostro la expresión beatífica que lo caracterizaba, mejoraba el pago de los honorarios, la frecuencia de las consultas y hasta había un guiño de vez en cuando, una sonrisa agradecida y un regalito en Navidad.
Todo lo anterior, por supuesto, siempre y cuando la paciente llegara al orgasmo. Así que los facultativos debían convertirse, además, en buenos masturbadores. Si no me creen, El Anatomisma, de Andahazi , tiene más detalles.
Sobra decir que con tan agradables remedios, los casos de histeria comenzaron a hacerse populares… perdón, quise decir que se volvieron más graves, con mayor prevalencia, un verdadero azote de la humanidad. Las salas de espera de los médicos se llenaban de mujeres que se preguntaban la una a la otra (con toda seriedad, como corresponde) cómo le había ido en su sesión, qué tan suaves y tibias tenía hoy las manos el galeno y otras cosas de vital importancia para el tratamiento.
Imagino al pobre médico llegando a su casa a altas horas de la noche, desfallecido por haber masturbado a 40 histéricas y que ante la menor insinuación de la mujer diría: “me duele la cabeza”.
Estas mujeres con útero ardiente (según los griegos) tenían ansiedad, irritabilidad, fantasías sexuales y excesiva lubricación vaginal. Los médicos, siempre buscando nuevas alternativas, descubrieron que esos objetos del demonio conocidos como vibradores resultaban de cierto alivio para la enfermedad, disminuían los síntomas como por arte de magia y hasta resultaban didácticos. Los maridos no habrán estado muy contentos con el remedio ni con la comparación, pero era eso o tolerar las urgencias, gritos y sinsabores de tan pernicioso mal.
Desde entonces, los conceptos que se tienen sobre la histeria han cambiado mucho. Ahora muchos la niegan, otros la defienden y otras la siguen sufriendo, sin importar que ahora se le vea como un anacronismo, como un mito o como un vestigio de la ignorancia que cubrió a la medicina durante tanto tiempo.
Pero el tratamiento sigue siendo el mismo, y el resultado igual de bueno.














{ 12 comments… read them below or add one }
¡¡¡No es justo!!!, tan bonito que hubiera sido vivir en esos tiempos pues resultaba muy facil “aminorar” la histeria. ;D
Ya en serio, se me hace increible que pudieran pensar eso… pero bueno, supongo que por ese entonces la mayoría de los doctores eran hombres y, vas a perdonarme, pero es bien sabido que ustedes no son grandes “entendedores” del pensamiento femenino. :)
“Se proporcionan tratamientos para la histeria”
Pregunte por Alberto
@gaby: Je, je. Tienes absolutamente toda la razón, Gaby. A los hombres se nos dificultan muchas cosas, pero sobre todo entender lo que pasa en las cabecitas de las mujeres. Yo, por lo menos, nunca he podido comprenderlas. Recuerdo que una vez dijo Freud que lo único que lamentaba era no haber llegado a entender a las mujeres. Je, je.
@Alberto: Ja, ja.
Que interesante remedio, lo aplicare en mi novia cuando este un poco histerica.
Saludos Gente de TecnoCulto
@ortek1: Je, je. Bueno, no se puede decir que aquí escasean los consejos prácticos.
Yo me ofrezco como conejillo
de indias para saber si esto
es verdad! :D
JaJa
Andrés dice qe los esposos
de las sufridas&doloridas mujeres
no habrán estado muy contentos…
Monse opina, qe eso no se compara
con lo qe opinaban las esposas de los
Doctores sobre su arduo trabajo…
@Mns:
Ja, ja, ja. Pobres médicos, vaya que tenían un trabajo arduo. Ojalá que las esposas no fueran celosas, porque si no…
obvio q los esposos no estaban tan contentos no? pero ellos hubieran podido y pueden tratar esa enfermedad tambien igual o mejor que los mismos medicos no? =)
Speranza!
Exacto, pero al parecer no lo hacía como debían, así que requerían ayuda profesional!!! Je, je
jajaja buen punto no lo habia pensando asi… entonces los esposos debian practicar con mas ahinco para poder aliviar esa “horrible” enfermedad! =)
La verdad, es que fue una EXCUSA bien fundamentada hecha por mis colegas de esa época… jajajaja.