
Joanne Ussery es una peinadora que perdió su hogar durante un incendio. Comenzó a buscar una nueva casa, pero los precios eran demasiado elevados. Su cuñado, un controlador de tráfico aéreo, le sugirió (seguro tenía unas copas encima) comprar el fuselaje de un Boeing 727.
Joanne no perdió el tiempo. Pagó 2 mil dólares por el avión y 4 mil dólares a una compañía que llevó la nueva “casa” hasta la orilla de un lago, en el cual vive desde entonces.
Y lo que pareció inicialmente una idea descabellada se transformó, de pronto, en una ocurrencia genial. Cuenta con muchísimo espacio y ha remodelado el interior del avión hasta convertirlo en un lugar acogedor. Joanne instaló una tina de baño en la cabina de mando y puede observar el hermoso paisaje del lago mientras se da un baño de burbujas.
Otros Artículos Relacionados



