
Saladin Chamcha, siguiendo la dirección del dedo de Ojos en Blanco, levantó las manos a la frente y entonces comprendió que había despertado a la más espantosa de las pesadillas, una pesadilla que no había hecho más que empezar, porque allí, en sus sienes, desarrollándose por momentos y lo bastante agudos como para hacer sangrar, había dos cuernos nuevos, caprinos, incuestionables.
Salman Rushdie, Los Versos Satánicos, 1989



