
Cuando la policía halló el cuerpo de Thomas Hickman, parecía evidente que había sido asesinado. Tenía la boca cubierta con cinta adhesiva y un disparo en la nuca.
Sin embargo, una búsqueda por las inmediaciones de la escena del crimen los llevó hasta el arma homicida: Una pistola Smith & Wesson atada a un ramillete de globos inflados con helio. Pronto, los investigadores fueron capaces de probar que Hickman había comprado los globos y el arma.
Entonces la escena se aclaró: Hickman intentó fingir su homicidio. Se cubrió él mismo la boca con la cinta, ató los globos a la pistola y se disparó en la nuca.
Por lo visto, se quedó corto de globos, pues el arma se elevó en el aire pero no llegó muy lejos. De otra forma, el engaño probablemente habría funcionado.
¿Con qué objetivo hizo todo esto? Probablemente para que su familia cobrara el seguro de vida, pero a ninguna compañía aseguradora le simpatizan los suicidas.
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