El hombre de la fotografía se llama Kevin y, como puede verse, apenas tiene rostro. Todo sucedió hace muchos años, cuando tuvo un episodio depresivo y se disparó a sí mismo con una pistola. Tenía la intención de quitarse la vida, pero sobrevivió.
Caramba, parece que a veces el destino se pone cruel y juega bromas pesadas, muy pesadas. Me da gusto ver una sonrisa en el rostro de Kevin. Probablemente, eso quiere decir que no todo ha sido malo, después de todo.



