Asesinos Seriales: Richard “Iceman” Kuklinski

by Andrés Borbón on 14 July, 2008

in Asesinos Seriales

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Kuklinski era un asesino profesional que, además, tenía un gran placer matando gente aún cuando no le pagaran por ello. Se sospecha que mató a unas 40 personas. Ya en custodia de las autoridades aseguró que sólo mataba para mantener a su familia. Le gustaba matar conductores en la carretera. Primero los obligaba a salirse del camino, los golpeaba hasta matarlos y, más tarde, pasaba el auto sobre ellos repetidamente. En una ocasión, decapitó a un sujeto sólo para ganar una apuesta y, en otro momento, apuñaló a un hombre únicamente para ver cuanto tardaba en desangrarse y morir.

El envenenamiento por cianuro es una forma terrible de morir. Interfiere con los sistemas enzimáticos del cuerpo que se encargan de la utilización de oxígeno. La víctima, literalmente, se asfixia. Si se ingiere, hay una penosa sensación de quemadura en la garganta y en la boca, y la víctima pronto se siente mareada. Aunque es posible sobrevivir a la intoxicación con cianuro, es un veneno que actúa rápidamente. Con frecuencia, los patólogos forenses no piensan en cianuro como la causa de la muerte ya que las características manchas rojas que deja este veneno en la piel son también clásicas del envenenamiento con monóxido de carbono. Sin embargo, si es detectado antes de que el cuerpo pueda absorberlo por completo hay algunas posibilidades de sobrevivir. Es típico el olor a almendras dulces en el aliento del enfermo (o en la boca del cadáver). Es bien sabido que los envenenadores suelen ser familiares cercanos, pues se requiere cierta cercanía y, además, el asesino necesita infundir cierta confianza en la víctima para que esta caiga en la trampa y coma o beba el veneno.

Kuklinski mató a muchos usando cianuro. Una de sus primeras víctimas fue su propio socio en un lucrativo negocio de robo de autos, Gary Smith, mezclando cianuro en la salsa catsup con la cual aderezó una hamburguesa. Y como no deseaba lidiar con el problema de esconder el cuerpo, simplemente lo colocó debajo del colchón de la habitación de hotel donde se encontraba Smith. Cuatro días después, alguien se quejó del mal olor que tenía la habitación y al buscar la causa de la pestilencia hallaron el cuerpo de Smith.

Kuklinski comenzó a matar desde que tenía 14 años, la mayor parte de las veces por dinero. Con el tiempo, se convirtió en un ejecutor para la Mafia y adquirió el apodo de “Iceman” (Hombre de Hielo). Siempre estaba ligado a algún negocio ilícito, desde autos usados, pornografía y drogas. Su primera víctima era un chico de su barrio que pretendía hacerse con el control de la pandilla local, y usó sólo sus puños para matar al otro.

Tuvo una infancia difícil. Su padre alcohólico solía golpearlo terriblemente, y Richard no fue el único afectado. Uno de sus hermanos terminó en prisión a los 25 años por haber violado y matado a una chica de 12 años y, después, arrojó el cuerpo desde un edificio para hacer pensar a la policía que se trataba de un suicidio.

Cuando estaba en la mafia, Kuklinski era apodado “El Polaco”, debido a su apellido. Su superior, Roy DeMeo, decidió probarlo en una ocasión y le pidió que salieran a caminar. Pronto vieron a un hombre que paseaba un perro y le ordenó a Kuklinski que lo matara. Sin pensarlo, éste se acercó al sujeto y lo mató de varios balazos. Aquello le granjeó la entrada a los círculos internos de la mafia. DeMeo era bastante cuidadoso. Había impuesto una seria disciplina en el acto de matar a sus enemigos. Por principio de cuentas, el blanco debía entrar caminando a su club. Después, una persona le dispararía, otro lo envolvería en una toalla, un tercero se encargaría de apuñalar el cadáver en el corazón. Después, debía ser limpiado, drenado de toda la sangre, cortado en pequeños trozos y arrojado a la basura.

Tiempo después, Kuklinski sería contratado por la familia Gambino para matar a su jefe, DeMeo.

Con la ayuda de algunos de sus “maestros”, Kuklinsi aprendió la manera de usar cianuro de una forma eficaz y rápida, introduciendo el veneno en una botella con aspersor y, después, arrojándolo en el rostro de un sujeto. Si la víctima lo respiraba, estaba perdida y era cuestión de segundos para que cayera al suelo con los primeros síntomas de la intoxicación. Más tarde, pensó que podía engañar a los forenses con respecto a la fecha de muerte de sus víctimas manteniendo el cuerpo congelado por cierto tiempo, pero descubrió que los patólogos eran más listos de lo que pensaba. Cuando la policía comenzó a investigar el caso del hombre congelado, pusieron el mote de “Iceman” al asesino (Kuklinski).

Para entonces, se piensa que Kuklinski había matado unas cien personas. Se formó una fuerza policiaca especial para atraparlo.

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La fuerza especial trabajó durante año y medio en el arresto de Kuklinski y colocó a un agente encubierto para seguir sus movimientos. Pronto, reunieron la evidencia necesaria para consignarlo y fue juzgado por los homicidios de cinco personas, obteniendo dos cadenas perpetuas. Mientras se encontraba en prisión, confesó algunos crímenes más, ayudó al escritor Anthony Bruno a que hiciera un libro sobre él (The Iceman) e, incluso, participó gustoso en un programa de HBO (America Undercover) sobre su trayectoria como asesino. Al parecer, Kuklinski tenía una gran debilidad por la fama. Le encantaba ser entrevistado y eso ayudó a que todo el horror de sus crímenes saliera a la luz.

Hasta la fecha, Richard Kulinski se encuentra en prisión, de donde probablemente no saldrá vivo.

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