No soy capaz de recordar cuántas tazas he perdido en mi vida. Deben ser decenas, y algunas de ellas han dejado un profundo hueco en mi alma. Exagero, pero me las han robado porque soy descuidado, terriblemente descuidado. Lo mismo me sucede con los libros, pero ése es otro cantar.
Para los obsesivos de la higiene.
Esta taza seguro que es la solución perfecta para aquellos que se preocupan de adquirir alguna enfermedad si alguien más bebe de su taza. Está equipada con un tapón que el dueño puede retirar cuando no la esté usando y, por supuesto, ¿Quién va a intentar beber en una taza agujerada?
Para los egoístas
Yo soy de este grupo, así que me vendría muy bien tener algo que los demás no codicien. Basta echarse el tapón al bolsillo y así nadie querrá usar la taza, a menos que el ladrón nos odie y pretenda hacernos rabiar aunque la taza no le sea de ninguna utilidad.
Tal vez ninguna de las dos razones anteriores sean válidas para elegir una taza así. Siempre podemos poner un Dobermann para que la cuide, o encadenarnos a ella, o rociarle cianuro, o ponerla bajo llave y tragárnosa. Bueno, son sólo ideas.
Además de que es un concepto, no creo que hubiera muchos compradores; ¿o sí?




