Si digo que puede pasarle a cualquiera me refiero a cualquiera que tenga una piscina en su casa. Estacionar el auto en una piscina ajena es una falta enorme de educación, y eso fue precisamente lo que le sucedió a Kim Taylor, la conductora: Estacionó su Mazda convertible en la pendiente que se ve al fondo y pensó que había puesto el freno de mano.
Estaba equivocada.
El auto terminó en la piscina de sus vecinos, que no deben haberse puesto muy contentos con el detalle.






