Neurociencia de la compasión

Un grupo de científicos de la Universidad de Wisconsin realizaron un experimento para conocer cómo funciona el cerebro cuando experimentamos compasión.

Para ello, estudiaron a individuos expertos en meditación y a algunos novatos. Mientras les realizaban un estudio de Resonancia Magnética Funcional, les pasaban grabaciones con distintos sonidos: Una mujer pidiendo ayuda, un bebé riendo, el sonido de fondo de un restaurante.

Desde hace tiempo, los científicos ya habían identificado las zonas del cerebro asociadas con la empatía.

En pocas palabras, la empatía es la capacidad de compartir los sentimientos de otra persona.

Tras concluir el estudio, fue evidente que los sujetos expertos en meditación fueron capaces de sentir más compasión (empatía) que los novatos, dado que las zonas del cerebro que se encargan de esta función se activaban más intensamente.

Las zonas encargadas de la empatía son: La ínsula y la zona que la rodea, que recibe el nombre de corteza temporoparietal.

Los expertos en meditación habían practicado al menos 10,000 horas de un tipo especial de meditación llamada meditación compasiva, mientras que los novatos tenían apenas una semana de entrenamiento.

La meditación compasiva es más o menos como sigue: El meditador se enfoca en las personas amadas y proyecta su amor hacia ellos y después lo extiende a todos los seres vivos, de forma indiscriminada. Dicha técnica es ampliamente practicada por los budistas, incluyendo los tibetanos.

Los científicos han mencionado (una idea algo aventurada) que éste tipo de meditación podría ayudar a las personas deprimidas y a aquellas que tienen problemas de violencia y agresión (imaginen cómo sería enseñarle meditación compasiva a Hannibal Lecter).

Lo cierto es que aquellas personas acostumbradas a meditar mostraron mayor facilidad para entender el sufrimiento de los otros y eso, tal vez, sea capaz de cambiar la vida entera de una persona.

LiveScience


Por supuesto que también el estudio puede ser un fiasco: Los científicos suponen que la práctica de la meditación incrementó la capacidad de sentir empatía en los sujetos del estudio, pero… ¿cómo saben cuánta empatía eran capaces de sentir antes de entrenarse en la meditación?

Es como el sobado asunto del huevo y de la gallina: ¿Sienten más compasión por haber estudiado meditación o… estudiaron meditación porque ya eran individuos más compasivos?

Esta duda es suficiente para echar por tierra las conclusiones de la investigación, digo yo.







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Escrito el Friday, June 27 2008

Autor: Andrés Borbón

Categoría: Ciencia, Medicina, Vida

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