
El buscador de Google recibe aproximadamente 200 millones de consultas al día y es, a no dudarlo, una de las herramientas más apreciadas a lo largo y ancho del mundo. Honestamente, no sé qué sería de la web si este buscador desapareciera de la noche a la mañana. Otros tomarían su lugar, eso es indudable, pero estoy seguro que tardarían mucho tiempo en igualar las prestaciones de la herramienta actual.
Al momento, Google tiene más de 8 mil millones de páginas indexadas y cerca de 880 millones de imágenes. También es la marca más valorada en el mundo. Si alguien quisiera comprar Google, probablemente tendría que desembolsar unos 86 mil millones de dólares, y dudo que esté en venta.
La cuota de mercado que tiene Google en los Estados Unidos es de alrededor del 60%, pero hay países donde esta cifra alcanza más del 90%, especialmente en Europa.
Una de las consultas más frecuentes en Google es la del propio nombre. Muchos piensan, a modo de broma (aunque dicha broma se acerca peligrosamente a la verdad) que si algo (o alguien) no está en el índice de Google es que no existe.
En lo personal, esta situación no me provoca gran simpatía. Cada vez más, la red se está convirtiendo en un reflejo de la realidad mundial y personal. El que una sola compañía alcance cuotas tan altas de “conocimiento” del mundo en que vivimos lo convierte en un verdadero peligro, sobre todo porque no hay otras empresas con un poderío equivalente.
Los monopolios no son buenos, pero los monopolios de la información son los peores. El mundo moderno se mueve sobre los engranajes del conocimiento y Google parece estar acaparándolo todo, o por lo menos buena parte de él. Hasta ahora, estos chicos se han portado bien, pero ¿qué pasaría si un buen día decidieran que ya han sido los buenos de la película durante demasiado tiempo? Sería catastrófico.
El poder, pienso yo, siempre se ejerce mejor cuando está repartido, y debemos admitir que en la actualidad la información no son solamente datos fríos y de naturaleza académica, sino la moneda de cambio con la que se mueve nuestro mundo.



