El pintor Tiziano (1485-1576) se jactaba de decir: “Jamás pinto a mujeres viejas, independientemente de las circunstancias”. Sin embargo, se vio obligado a romper su regla cuando la duquesa de Urbino pidió a su marido que lo contratase para pintarla desnuda. Un amigo de Tiziano le sugirió llamar a la moza más atractiva del burdel para que posase y él pintara su cuerpo. Así, la cabeza del retrato sería de la duquesa, pero tendría algunos retoques. La duquesa quedó encantada al ver el cuadro terminado, y más aún cuando el cuadro recibió el nombre de La Venus de Urbino.
El duque de Urbino tampoco pudo contenerse al ver el cuadro y exclamó: “Si pudiese tener el cuerpo de esa moza, aunque tuviera la cabeza de mi mujer, sería un hombre mucho más feliz”.
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